4. Estar atento a las señales
del universo
Al llevar a
cabo las actividades de direccionamiento que comentábamos hasta ahora, estamos
dando un paso firme y concreto hacia una vida feliz y armoniosa. Hemos decidido
tomar el control de nuestra vida, definimos los métodos a aplicar y los
conceptos a asimilar. Los organizamos, les pusimos prioridades, los visualizamos
como plantas en un jardín al que debemos cuidar como un todo.
Pero
debemos tener cuidado de no caer en el extremo opuesto. Si pretendemos dirigir
todo a nuestro antojo, con los ojos cerrados a lo que sucede alrededor, nos
puede ir muy pero muy mal.
No
vivimos aislados. Hay todo un universo a nuestro alrededor, estamos inmersos en
él. ¡Somos parte de él! Interactuamos dentro de un sistema, con variables que
obviamente no nos son manejables. Es ridículo ponernos una meta, y mantenernos
fijos en ella pase lo que pase.
Si el día
estaba hermoso y mi plan era ir a la playa, pero cuando estoy por llegar se
desata una tormenta, ¿Qué hago? ¿Voy a la playa igual? No. Me adapto a la nueva
situación y voy por ejemplo al shopping. Sería muy necio hacer lo que tenía
planeado de entrada no obstante el cambio, sólo por inercia, o por terquedad.
Sin embargo, este tipo de cosas sucede más a menudo de lo que pensamos.
Las
situaciones cambian, pero la gente no lo nota y sigue con su trabajo de siempre
o con una pareja que ya no le sirve.
Imaginemos
que una persona a los 12 años arma todo un plan para su existencia, por ejemplo:
“A los 17 voy a terminar la escuela y comenzar la carrera de contabilidad, los
primeros dos años no voy a trabajar y al tercero voy a encontrar un puesto en un
estudio. Allí trabajaré un año y luego renunciaré para conseguir uno mejor. Voy
a tener siete parejas y a los 20 me voy a comprometer. A los 23 me recibo y un
año después me caso. Luego de dos años de matrimonio encargo el primer hijo, al
año el segundo, y a los dos años más el tercero. Después de que estén los tres
en la primaria consigo un trabajo full time en una multinacional. Cuando se
casen los tres me jubilo y me voy a vivir a la montaña con mi pareja. Muero a
los 80 con 6 nietos y 3 bisnietos”
Esta
persona sin duda ha decidido tomar el control de su vida. No está mal que tenga
un plan, siempre y cuando esté lo suficientemente permeable como para
modificarlo según las circunstancias. Por ejemplo si en la secundaria se da
cuenta de que la contabilidad le resulta aburrida y en realidad le atraen más
las humanidades, tiene que darse cuenta y cambiar la carrera elegida, o si a los
17 conoce al amor de su vida no debe dejarlo pasar porque tenía que tener 7
parejas y 20 años para formar una pareja estable. Su plan debe modificarse según
las señales que el universo le envía.
A veces
estas señales son obvias, como en los casos anteriores, o el de la lluvia y la
playa, pero otras veces son mucho más sutiles.
A veces
nos hacen de modificar grandes planes, o a veces pequeñas cosas del día a día.
Pero todo
se entrelaza, y todo tiene sentido. El que permanece ciego a las señales,
difícilmente llegue a concretar sus deseos, y con casi total seguridad –aunque
los logre- no podrá ser feliz. Es fundamental tomar conciencia de que formamos
parte de un sistema mayor, para poder interactuar armoniosamente con él.
Integrarnos al universo, dar y recibir de él. Ponernos en sus brazos, pero sin
abandonar el timón. Como el navegante que no puede ignorar las corrientes, ni el
conductor desentenderse del tránsito.
Ver,
escuchar, adaptarse a lo que ocurre, estar atentos, animarse a cambiar de idea
tantas veces como sea oportuno, no nos hace tener menos control. Al contrario,
nos da muchas más chances de llegar a buen puerto.
El
universo nos emite constantemente señales que podemos aprovechar o dejar pasar.
Están por todos lados: en nuestra mente, fuera de ella, en lo que pasa por
delante de nosotros, lo que oímos accidentalmente, en cada persona con la que
hablamos. El mundo es un constante emisor de pistas de todo tipo y color, sobre
lo que hay que hacer y lo que hay que evitar. Estar despierto y alerta a las
señales, desarrollar esa visión del mundo y asimilarla como concepto, puede ser
una gran guía para nuestras vidas.
Hay algunos
tipos clásicos de señales sutiles, que si estamos atentos podemos identificar
con claridad:
-
Casualidades
Estoy
pensando en una persona y justo me llama. Tuve un diálogo sobre alguien que no
veía hace mucho y, ¡oh casualidad!, me lo crucé esa misma tarde. Decimos algo
al mismo tiempo. Llaman por teléfono equivocado y casualmente preguntan por el
nombre del personaje que estaba leyendo en mi libro. Me encuentro en un lugar
inesperado con un conocido de otro entorno. Pasan en la radio una canción que
refleja exactamente mi problemática actual.
Estas
cosas, y otras mucho más sorprendentes, pasan todos los días, a cada rato.
Estamos tan habituados a ellas que a veces no las notamos, o nos sirven como
curiosidad o diversión un rato y luego las olvidamos.
Sin
embargo, esta enorme masa de “casualidades” que no tendrían por qué existir a
estos niveles, deberían configurar claros mensajes del universo hacia nosotros.
En lugar de reírnos debiéramos preguntarnos ¿Por qué pasó esto? ¿Qué me está
diciendo esta coincidencia? ¿Que aprendizaje debo tomar de esto que sucedió? Y
si no lo entendemos, podemos anotar todos estos hechos en un diario, seguramente
en el futuro se revelará el porqué. Podemos intentar interpretarlos como si de
sueños se trataran. ¿Qué significaría en un sueño cruzarme con x persona? Si
hay una coincidencia con un nombre, lugar o numero puedo preguntarme ¿Qué
significa ese un nombre, lugar o numero para mi?
Recomiendo
especialmente la lectura de “La novena revelación” que trata este tema de las
coincidencias de una manera apasionante y muy clarificadora.
- Señales
del Inconsciente
Nuestra
mente inconsciente es la que más cerca está de la comunión con el universo. Está
embebida en él, percibe todo lo que la mente conciente se pasa por alto. Todo
mensaje que percibamos de ella, es, indirectamente, una señal del universo.
La mente
inconsciente nos habla de distintas formas: A través de los sueños, cuyo valioso
aporte no debiéramos ignorar. En la meditación y los sueños concientes. En los
presentimientos, intuiciones, palpitaciones, ideas espontáneas.
Cuando
tenemos la sensación de conocer a alguien, o a algún lugar… Cuando una melodía
“se nos pega” en la cabeza sin haberla escuchado recientemente. En los actos
fallidos, los errores de percepción, hasta en los errores de tipeo. Todo tiene
su por qué. Nuestro inconsciente sabe mucho, y nosotros debemos saber
entenderlo, interpretarlo, y darle valor a todo lo que proviene de él.
Tenemos
una voz interior, que es nuestro verdadero yo. La felicidad no se siente con la
mente conciente, sino con el inconsciente. Si él no está satisfecho, nosotros no
lo estaremos. Si no ha superado un trauma, siempre estará allí recordándonoslo
de distintas maneras. Todo mensaje de nuestra voz interior merece ser respetado.
El
problema es que a veces nos es difícil distinguir si un pensamiento surgió de
ella o de temores a niveles más superficiales.
Una
sensación matinal de “hoy no vayas a trabajar” puede ser un presentimiento que
te haga salvar de un accidente mortal. Pero también puede ser una señal del
cuerpo de que hoy no descansaste bien y quieres seguir durmiendo, o el desgano
de encontrarte con una persona o tarea, o tal vez no sea sino una señal
proveniente de tu tánatos que sólo quiere molestarte y alejarte de tus metas.
El primer
paso es notar que ahí hubo una señal de algún tipo. Es segundo es detenerse en
ella, recrearla, e intentar identificar su verdadera fuente y significado.
- Señales
del cuerpo
Antes de
desarrollarse una enfermedad, el cuerpo va emitiendo señales de que algo anda
mal en determinado sistema o zona. Hay que estar lo más atento posible a estas
cosas, para consultarlas con el médico a tiempo, o, mejor aún, atacar a las
causas antes de que llegue a provocar problemas más serios. Cada parte del
cuerpo representa claramente y de forma evidente a algún aspecto de la
personalidad: La garganta a la comunicación, la vista y el oído a la
percepción, el sistema reproductivo al relacionamiento de pareja, los pechos a
la maternidad, el sistema digestivo a los apegos materiales, la cabeza al
intelecto, el corazón a los sentimientos, etc. Nuestras vulnerabilidades en lo
físico, también nos revelan en qué aspecto de nuestra psique estamos necesitando
atención.
Dolores,
malestares, hormigueos, irregularidades, rechazos, picazones, ardores,
temblores, tics, alergias… todas son señales.
La mayoría
de las enfermedades son psicosomáticas. El cáncer por ejemplo lo es en gran
medida. Para evitar desarrollarlas, debemos escuchar las señales del cuerpo,
relacionarlas con nuestra problemática y hacer todo lo posible tanto
médicamente como mentalmente por eliminar las causas a tiempo.
Pero más
allá de nuestra salud, el cuerpo también nos transmite otros mensajes. Podemos
notar que en determinados lugares nos sentimos mareados o con malestares, que
ciertas situaciones nos despiertan sensación de mariposas en el estómago, o nos
sensibilizan más que otras, que una persona nos despierta un rechazo físico, o
que “porque sí” de repente nos duele la cabeza o nos zumban los oídos.
En
realidad, a través del cuerpo, también nos está hablando nuestro inconsciente.
Recomiendo
la práctica de yoga, taichi, u otras técnicas similares, para agilizar el
diálogo con nuestro cuerpo, y favorecer este proceso.

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