8. Concientizar la realidad de
la muerte
Por último,
quisiera hacer una observación que lleva más allá nuestra conciencia del valor
de la vida y sus momentos, y es la aparente obviedad, pero muy poco asimilada,
de que algún día vamos a morir. Nosotros, y todos los que nos rodean.
Mucha
gente hace aprendizajes increíbles cuando se encuentran al filo de la muerte, o
ante el fallecimiento de un ser querido.
¿Por qué
no podemos hacerlos antes? ¿Acaso no alcanza con tener conciencia de esa
realidad?
Uno se
preocupa de tratar en forma especial a aquellas personas que están enfermas, o
que son muy mayores, porque pensamos que puede ser la última vez que los veamos.
¿Pero es que los accidentes o las enfermedades súbitas no existen?
La cruda
realidad es que cualquiera puede morir. En cualquier momento.
Actuar en
consecuencia nos lleva a darles muchísimo amor a las personas que nos rodean. Si
supiéramos que en pocos días van a morir, no discutiríamos por nimiedades, y les
dedicaríamos nuestro tiempo y atención. Les diríamos todas las cosas lindas que
sentimos por ellos, y se las demostraríamos con hechos.
La idea es
actuar así. Pensando que a cada persona que vemos, la podemos estar viendo por
última vez. Y pensando que quizás este pueda ser nuestro último día.
Lo más
maravilloso de actuar así, no es que cuando alguien muera no tendremos nada
pendiente que recriminarnos o lamentar.
Lo más
maravilloso es que -aunque esto nunca sucediera- habremos vivido una vida más
intensa, llena de conciencia, y de sentido.